Aventurillas de internet

Hace como un millón de años, en un día de éstos de euforia que nos entran a todos alguna vez, me hice una tienda online a la que nunca jamás volví a prestar atención y cuya existencia se me borró de la cabeza en la siguiente curva de la montaña rusa de los días...

Hasta que, en vísperas de un viaje, y cuando más concentrada estaba en comprobar que había metido en la maleta el cepillo de dientes, el pijama (un clásico que siempre me olvido) y tantas bragas como días de viaje (otro clásico, soy de letras...), me llegó de repente un aviso al móvil para indicarme que alguien me había comprado este bolso.

¡Ay, qué emoción! Pero... ¡menudo lío! Ese bolso lo vendí hace no sé ya cuanto... ¿Y ahora qué hago?  Es lo que tiene el reciclaje: cada modelo es irrepetible, cada bolso tiene personalidad propia, y no sería capaz de volver a hacer uno parecido... Suerte que detrás de los laberintos insondables de internet existimos las personas, y podemos comunicarnos y entendernos. Y detrás de este laberinto me encontré con alguien encantador que no tuvo inconveniente en esperar, y que además me hizo una petición estupenda: "si haces otro bolso para mí, que tenga colores alegres". Jeje, creo que nos vamos a llevar bien :)

Así que diez días y mucho cariño más tarde, esta criatura deja mi máquina de coser y sale a conocer mundo. Cruzo los dedos mientras la veo marcharse... espero que todo vaya bien.



Agradezco la paciencia y pido perdón por la espera con un regalito dulce...


Sí, he aprendido algo, y prometo hacer las paces con el ciberespacio y currarme una tienda online en condiciones. Más noticias en breve... antes de que se me pase el arrebato de euforia :)

Y ahora, voy a darme una vuelta por la iniciativa de reciclaje de Linet Lílula.

Russafart

En el barrio modernete donde vivo, siempre se está cociendo algo.


Pero cada dos años, ese "algo" es un "algo más": se llama Russafart y me ilusiona desde la primera edición. Me como muchísimo (¿demasiado?) la cabeza sobre las fronteras entre arte, diseño, "craft", artesanía... así es que seguramente nunca hubiera cogido carrerilla para apuntarme de no ser por el empujón amable de mi amigo Jordi.  Ahora ya está hecho, y allá estaremos los dos, en la calle Dénia, llave del taller y de los sueños en mano, dispuestos a compartir nuestro mundo con vosotros el último fin de semana de mayo. 


Mientras tanto, mis comidas de cabeza (¿Qué expondré? ¿Cómo lo explicaré? ¿Estoy segura de lo que hago?...) empiezan a transitar esa fina frontera entre conceptos e ideas. La máquina de coser, acostumbrada a hacer objetos útiles, observa perpleja como las telas ahora no son bolsos ni faldas, sino sólo paletas de colores entrelazados entre si. El proceso de creación y composición podría ser paralelo al de la pintura, pero... ¿cosiendo? ¿Es menos, es peor? ¿Qué técnicas, que objetos valen, y cuáles no?¿Dónde están las fronteras? Quizás... ¿Realmente importa?


Me voy a pasar por Rums a ver si alguien me ayuda a aclararme... porque en realidad esto es costura... ¿O tal vez no?

Si os ha gustado Russafart, y queréis darle un empujoncito cariñoso, nos haría felices que pasárais por aquí para ayudarlo a seguir existiendo. ¡Gracias!

Pequeños tesoros

Una visita rápida en medio de esta primavera desconcertante. Ando con las rutinas descontroladas, la mirada llena de luz y poco tiempo para coser, así es que me ha dado por hacer estuches para meter cachivaches. Se acaban rápido y se pasean por la calle, dormitan en las terrazas de los bares, o se acercan a Rums a saludar.


Después de terminar estos dos para mí, cogí carrerilla y cosí un mogollón más, porque esta primavera galopante viene cargada de mercadillos.




Vuelvo pronto, un abrazo!

Nubes y lana

Este invierno ha tenido sólo tres días de frío.

 Me ha venido justito para sacar del armario de los retales unos cuantos suéteres que enfieltré en la lavadora "para hacer algo algún día", coserlos en un arrebato de locura, enredarme en ellos como si fueran nubes hechas de lana, y acercarme al mar a oír rugir el viento y ver vibrar mil tonos de azules y grises.
Tanto abrigo para tan poco frío ...

¡Qué rabia,salió el sol antes de que me diera tiempo a pasear por Rums! ;)

Trozos

Todo estamos hechos de trozos. Aquello que nos ocurre, las decisiones que tomamos, los encuentros y desencuentros a lo largo de la vida,, los caminos que seguimos y aquellos que abandonamos, nos van tejiendo a costurones con dispar habilidad.
Yo también soy trozos. Trozos de ti, trozos de mí, trozos de todo lo que he vivido, de todos los paisajes que me habitan. Recuerdos que me surcan como cicatrices. No siempre entiendo de dónde vino ni cómo apareció cada retal, pero defiendo su derecho a estar cosidos ahí, justo donde la vida los dejó caer.

Cuando no consigo encajar algún porqué, saco del bolso la libreta de ordenar ideas, y dejo salir a borbotones todos los hilos de los pensamientos. Estiro, anudo, cambio de color. Y como el cordón mágico que te ayuda a salir del laberinto, casi siempre, sin saber cómo, todo acaba llegando a una meta, o quizás a un nuevo punto de partida.
 Tal vez por esto me gusta tanto unir retales. En las montañas de telas recicladas y vaqueros viejos de mi cuarto, como en la vida, nada es feo y nada sobra. Hay un momento para cada cosa y un lugar en el que encajar. En nuestras costuras está escrito quiénes somos, nuestro camino personal y único. 
 Es verdad que a veces las heridas duelen una barbaridad. Pero pienso en esos jarrones rotos que los japoneses reparan llenando las uniones de polvo de oro. No salimos intactos de los golpes, pero nuestra fortaleza más allá de la fragilidad y nuestra historia escrita a trozos en la piel nos hace irrepetibles. 
Espero que os guste este bolso hecho, como todos nosotros, de trozos. Y ahora, me lo llevo a pasearse filosóficamente por Rums :)

Primeras veces

Las primeras veces están llenas de pasos titubeantes. De esos errores un poco tontos que nos frustran tanto. Pero también de esa macedonia mágica de inspiración, ilusión y mundo por descubrir. 
Al hacernos mayores, cuesta cada vez más encontrar primeras veces. Las experiencias se empañan, el corazón se acostumbra a latir con su rutina habitual. 



Por eso, aprecio las primeras veces, y las agradezco como algo especial. Aquí, mi primera experiencia como tester de un patrón: mil gracias a Naii por dejarme ser el pedacito 38 de su sudadera Ele. Gracias también a todas las costureras estupendas que han cosido junto a mí, y en especial a Inma, de Saiziland, por acogernos en su casa a mí, a mi overlock recién estrenada, y a mi millón de dudas y torpezas. Sin ella no lo habría conseguido. Gracias también a mi amiga Cristina por estas preciosas fotos, Y por último, gracias a Rums, por esta primera vez que me ilusiona tanto: seguro que habrá más. 




Los días breves

Poco a poco, y sin darme cuenta, se fueron acortando los días. Se hicieron largas las sombras en las paredes del taller, se desinflaron las ideas, se me quedaron helados los pies dentro de los calcetines de lana. Y aunque me cosí un amuleto mágico contra todos los males, ni con ésas. Al final  pasó lo que pasa siempre al final de todos los otoños: se me comió la inercia. 
Un día el cartero trajo el calendario de adviento de mi amiga Pauline, y con él descubrí que el frío se me había echado encima mientras vegetaba en el sillón jugando al candy crush, o me acostaba tarde, o me levantaba más tarde todavía. Los días como ventanitas de cartón por las que se escapaba, estúpidamente, el tiempo.
Perdí entonces unos cuantos días más en estar enfadadísima conmigo, triste y frustrada y con la máquina de coser pensamientos completamente atascada. Luego escuché en la radio que había llegado el solsticio de invierno. Y aunque las navidades y los finales de año no me gustan nada de nada, me entusiasmó pensar que los días, poco a poco, se van a ir haciendo más largos. Me perdoné, preparé té, tejí bufandas. E hice una lista de los pequeños regalos que los días breves han ido dejando caer en mi regazo. La escribo por aquí también, por si el año que viene vuelven a acortarse las horas de luz y me da por ponerme tonta otra vez.


Dos viajes increíbles.

Helados en otoño, y palomitas!



Animales fantásticos.


Y personas más fantásticas todavía que han seguido creyendo en mí a pesar de todo: amig@s, abrazos, encargos, personitas como flores en la orilla de todos los caminos.



Estrellas, lunas y alguna que otra nube, allá arriba en el cielo.

Y aunque también hubo algún momento en el que quise tener el corazón rodeado de pinchos para defenderme...

...despierta una sonrisa descubrir que los días breves tampoco han sido, después de todo, tan oscuros. Desde aquí, feliz invierno.

Extraño otoño

¡Pero qué deprisa pasó el verano más largo! En un vuelo llegó el otoño y me pilló juntando piedrecitas en la playa. Voló septiembre (el primer septiembre sin libros de texto ni salas de profes ni dolor de tripa al ver los anuncios de la vuelta al cole), y quise haber escrito algo sobre eso, pero los días se me fueron volando también, sin que las ideas hubieran llegado a coger forma.



Luego empezaron a acortarse las tardes, y lo sé porque, por primera vez en muchos años, pude sentarme a mirarlas pasar. Pude ver las nubes divagar en el cielo, y los colores tiñéndose de luz dorada. No sólo los miré: los vi.




Después de tantos años sin tiempo para nada, pude sentarme con mi abuela junto a la ventana para escuchar sus recuerdos y saludar a las vecinas, en aquel pueblo perdido en la Manchuela donde, os prometo que, de verdad, un día cualquiera de otoño, se detiene el tiempo.


 Hubo, como siempre habrá para todo lo que decidamos, quien me admiró, quien me quiso, quien pudo comprenderme y me dio ánimos. Hubo también, como habrá siempre, quien se angustió por mí con la angustia que yo había perdido, quien me tomó por loca ("¡dejar un buen trabajo, con los tiempos que corren!"), quien me urgió a ponerme en marcha enseguida, frenética, boqueante.

Y por primera vez en muchos años, hubo también mi propia voz recuperando sus pausas, su ritmo lento, sus palabras. Hubo aire para respirar, y largos paseos con mi perro olisqueando las calles. 

Por supuesto, hubo también cosas cosidas con cariño y telas de colores y pedazos de pantalones... Dejo caer alguna foto, porque de esto iba más o menos el blog... aunque tal vez el otoño tampoco iba exactamente de esto.


Que sí, que os prometo que me pondré a buscar trabajo. Y será relativamente pronto: apenas acaben de caer las hojas, y de hacerse doradas las tardes. Apenas coja aire. Apenas recupere, en este extraño otoño, la alegría que se me fue descosiendo en estos años de intentar encajar en las costuras de la ropa de otros. 

Mientras tanto, pasad, sentaos conmigo a ver girar el mundo. Quedémonos en babia un rato, ganando vida mientras perdemos, dulcemente, el tiempo.