De repente, la bola del mundo se puso a girar. La energía acumulada y retenida durante tanto tiempo hizo arrancar los motores de mis días, y lo que había sido calma aparente y espera desembocó en un viaje frenético rumbo a una nueva vida.
Aterricé en el Nordeste de algo que alguna vez fue Europa, y no tengo ni máquina de coser ni lanitas ni retales de colores, ni siquiera sé hasta qué punto me tengo a mí. Por aquí os dejo lo último que cosí en el invierno, antes de que esta cascada de primavera fulgurante arrasara con todo.
No sabría decir si esto es una despedida, porque sé bien que ni las manos ni la cabeza van a detenerse, por muy lejos que vayamos. Pero sí que habrá una pausa, y luego un cambio, y un territorio desconocido más allá de la frontera. Si queréis venir conmigo, volveré por aquí para compartir el camino. Buen viaje hacia allí donde sea que estéis andando.
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Despertares
De vez en cuando me subo a montañas rusas de las que no sé bajar. Prisas, urgencias, exigencias, plazos, terrores y temores más o menos inventados, inmediateces. Golpes de tambor en el pecho, eficiencias fingidas, mundo exterior reclamándome a estirones. Sólo cuando el carrusel se para me doy cuenta de que he estado viviendo de puertas hacia afuera, sin aire para respirar, sin consciencia de existir, sin instantes para disfrutar de los instantes, sin...
Sin este sol cálido que se cuela por la ventana.
Sin el suave vaivén del agua acariciando el cascarón de mi barca.
A veces, buscamos y elegimos los momentos y los lugares de reposo. Otras veces, es el mar de la calma el que viene, inesperadamente, a rescatarnos de nuestros naufragios cotidianos. En esta ocasión, desperté en un mercadillo del Perellonet como quien aterriza desde otro planeta. Aquí volvió la caricia del sol, aquí el contacto con la realidad, aquí el oxígeno.
Un pequeño refugio para renacer en la poesía cotidiana. Para poner en orden las ideas, para abrir los ojos. Podría haberme pasado en cualquier otro sitio, pero me gustó que me pasara aquí, donde era sencillo y amable dar las gracias a las olas, a las sonrisas de los compañeros, a la luz dorada de las tardes.
Pues eso, gracias.
De refilón dejo caer por aquí algunas gotas del torbellino de cosas cosidas que salieron de mis manos en estos meses que pasé subida en la montaña rusa. Algunas han ido apareciendo en las redes sociales, otras os las enseñaré cuando acabe de aterrizar. Espero que no me lo tengáis mucho en cuenta, recordad que estuve un poco sonámbula, y ahora es bonito estar otra vez despierta y organizar los sueños por colores como quien dobla camisetas.
Nos vemos a final del verano. Mientras, me encontraréis por aquí a ratos sintiendo la tierra bajo los pies y el latido del cielo.
Russafart
En el barrio modernete donde vivo, siempre se está cociendo algo.
Me voy a pasar por Rums a ver si alguien me ayuda a aclararme... porque en realidad esto es costura... ¿O tal vez no?
Si os ha gustado Russafart, y queréis darle un empujoncito cariñoso, nos haría felices que pasárais por aquí para ayudarlo a seguir existiendo. ¡Gracias!
Pero cada dos años, ese "algo" es un "algo más": se llama Russafart y me ilusiona desde la primera edición. Me como muchísimo (¿demasiado?) la cabeza sobre las fronteras entre arte, diseño, "craft", artesanía... así es que seguramente nunca hubiera cogido carrerilla para apuntarme de no ser por el empujón amable de mi amigo Jordi. Ahora ya está hecho, y allá estaremos los dos, en la calle Dénia, llave del taller y de los sueños en mano, dispuestos a compartir nuestro mundo con vosotros el último fin de semana de mayo.
Mientras tanto, mis comidas de cabeza (¿Qué expondré? ¿Cómo lo explicaré? ¿Estoy segura de lo que hago?...) empiezan a transitar esa fina frontera entre conceptos e ideas. La máquina de coser, acostumbrada a hacer objetos útiles, observa perpleja como las telas ahora no son bolsos ni faldas, sino sólo paletas de colores entrelazados entre si. El proceso de creación y composición podría ser paralelo al de la pintura, pero... ¿cosiendo? ¿Es menos, es peor? ¿Qué técnicas, que objetos valen, y cuáles no?¿Dónde están las fronteras? Quizás... ¿Realmente importa?
Si os ha gustado Russafart, y queréis darle un empujoncito cariñoso, nos haría felices que pasárais por aquí para ayudarlo a seguir existiendo. ¡Gracias!
Trozos
Todo estamos hechos de trozos. Aquello que nos ocurre, las decisiones que tomamos, los encuentros y desencuentros a lo largo de la vida,, los caminos que seguimos y aquellos que abandonamos, nos van tejiendo a costurones con dispar habilidad.
Yo también soy trozos. Trozos de ti, trozos de mí, trozos de todo lo que he vivido, de todos los paisajes que me habitan. Recuerdos que me surcan como cicatrices. No siempre entiendo de dónde vino ni cómo apareció cada retal, pero defiendo su derecho a estar cosidos ahí, justo donde la vida los dejó caer.
Cuando no consigo encajar algún porqué, saco del bolso la libreta de ordenar ideas, y dejo salir a borbotones todos los hilos de los pensamientos. Estiro, anudo, cambio de color. Y como el cordón mágico que te ayuda a salir del laberinto, casi siempre, sin saber cómo, todo acaba llegando a una meta, o quizás a un nuevo punto de partida.
Tal vez por esto me gusta tanto unir retales. En las montañas de telas recicladas y vaqueros viejos de mi cuarto, como en la vida, nada es feo y nada sobra. Hay un momento para cada cosa y un lugar en el que encajar. En nuestras costuras está escrito quiénes somos, nuestro camino personal y único.
Es verdad que a veces las heridas duelen una barbaridad. Pero pienso en esos jarrones rotos que los japoneses reparan llenando las uniones de polvo de oro. No salimos intactos de los golpes, pero nuestra fortaleza más allá de la fragilidad y nuestra historia escrita a trozos en la piel nos hace irrepetibles.
Espero que os guste este bolso hecho, como todos nosotros, de trozos. Y ahora, me lo llevo a pasearse filosóficamente por Rums :)
Extraño otoño
¡Pero qué deprisa pasó el verano más largo! En un vuelo llegó el otoño y me pilló juntando piedrecitas en la playa. Voló septiembre (el primer septiembre sin libros de texto ni salas de profes ni dolor de tripa al ver los anuncios de la vuelta al cole), y quise haber escrito algo sobre eso, pero los días se me fueron volando también, sin que las ideas hubieran llegado a coger forma.
Luego empezaron a acortarse las tardes, y lo sé porque, por primera vez en muchos años, pude sentarme a mirarlas pasar. Pude ver las nubes divagar en el cielo, y los colores tiñéndose de luz dorada. No sólo los miré: los vi.
Después de tantos años sin tiempo para nada, pude sentarme con mi abuela junto a la ventana para escuchar sus recuerdos y saludar a las vecinas, en aquel pueblo perdido en la Manchuela donde, os prometo que, de verdad, un día cualquiera de otoño, se detiene el tiempo.
Hubo, como siempre habrá para todo lo que decidamos, quien me admiró, quien me quiso, quien pudo comprenderme y me dio ánimos. Hubo también, como habrá siempre, quien se angustió por mí con la angustia que yo había perdido, quien me tomó por loca ("¡dejar un buen trabajo, con los tiempos que corren!"), quien me urgió a ponerme en marcha enseguida, frenética, boqueante.
Y por primera vez en muchos años, hubo también mi propia voz recuperando sus pausas, su ritmo lento, sus palabras. Hubo aire para respirar, y largos paseos con mi perro olisqueando las calles.
Por supuesto, hubo también cosas cosidas con cariño y telas de colores y pedazos de pantalones... Dejo caer alguna foto, porque de esto iba más o menos el blog... aunque tal vez el otoño tampoco iba exactamente de esto.
Que sí, que os prometo que me pondré a buscar trabajo. Y será relativamente pronto: apenas acaben de caer las hojas, y de hacerse doradas las tardes. Apenas coja aire. Apenas recupere, en este extraño otoño, la alegría que se me fue descosiendo en estos años de intentar encajar en las costuras de la ropa de otros.
Mientras tanto, pasad, sentaos conmigo a ver girar el mundo. Quedémonos en babia un rato, ganando vida mientras perdemos, dulcemente, el tiempo.
Aquí habito.
Aquí respiro. Desde esta burbuja me defiendo y observo volar los aviones y el tiempo. No es tan bonito como los estudios de las revistas, ni está tan ordenado como en los blogs de diseño, ni tan inmaculadamente blanco como en las webs de crafties, pero es un refugio tibio y amable donde fluyen las ideas. En medio del caos de telas a medio recortar, de ovillos desovillados y muñecos con ojos de botón, hay un sitio para vosotr@s también. Pasad, apartad un par de trastos y dejad que la inspiración os pille con las manos ocupadas. Bienvenid@s a casa.
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