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Los amigos imaginarios

Ahora que los días son tan cortos, y el mundo de afuera tan oscuro, prefiero abrigarme bien y refugiarme en casa rodeada de amigos imaginarios. 


Juntos, pasamos la tarde: merendamos, vemos la tele, pintamos con lápices de colores...




Si no llueve mucho, llenamos la mochila para irnos de excursión a donde nos da la gana.



Aquí no discriminamos a nadie por su color de piel, ni por el número de patas, ni preferimos las alas a las aletas... ¿Te vienes a cambiar de año con nosotros?








Inventarios

Avui necessite
posar punt i a part,
vull fer inventari
de totes les coses
que m'has regalat
i que em són impossibles
de guardar al fons d'un calaix.

PAU ALABAJOS, "INVENTARI"




El otoño es tiempo de poner los trastos en orden. De sacudirse la arena de las sandalias. De portarse bien, de acostarse pronto, de volver al cole. Más aún, después de este agosto y septiembre raros en que mi máquina ha cosido, sobre todo, polvo. Sé que las energías y las ideas no nos pertenecen, sino que, como fuerzas de la naturaleza, van y vienen. Así que, mientras se deciden a regresar, me he puesto a ordenar los cajones de Retal para Cual, y me he encontrado con un montón de universos cosidos que, en algunos casos han desfilado fugazmente por facebook o instagram, y en otros, han pasado directamente de mis manos a las de sus dueñ@s sin grandes apariciones estelares. 

Igual ya has visto algunas de las cosas. En ese caso, lo siento: vendrán tiempos mejores :) Mientras llegan, nos deseo, a ti y a mí, un feliz otoño lleno de listas de tareas, hojas voladoras, tardes breves y buenos propósitos.


Unos cuantos bolsos y monederos:





Un mogollón de camisetas de colores:














 


Y algún que otro personaje despistado con ganas de salir a pasear, que aún hace bueno:













Despertares

De vez en cuando me subo a montañas rusas de las que no sé bajar. Prisas, urgencias, exigencias, plazos, terrores y temores más o menos inventados, inmediateces. Golpes de tambor en el pecho, eficiencias fingidas, mundo exterior reclamándome a estirones. Sólo cuando el carrusel se para me doy cuenta de que he estado viviendo de puertas hacia afuera, sin aire para respirar, sin consciencia de existir, sin instantes para disfrutar de los instantes, sin...

Sin este sol cálido que se cuela por la ventana.
Sin el suave vaivén del agua acariciando el cascarón de mi barca.


Sin atardeceres en los que salir a la terraza para regar las plantas.

A veces, buscamos y elegimos los momentos y los lugares de reposo. Otras veces, es el mar de la calma el que viene, inesperadamente, a rescatarnos de nuestros naufragios cotidianos. En esta ocasión, desperté en un mercadillo del Perellonet como quien aterriza desde otro planeta. Aquí volvió la caricia del sol, aquí el contacto con la realidad, aquí el oxígeno.


Un pequeño refugio para renacer en la poesía cotidiana. Para poner en orden las ideas, para abrir los ojos. Podría haberme pasado en cualquier otro sitio, pero me gustó que me pasara aquí, donde era sencillo y amable dar las gracias a las olas, a las sonrisas de los compañeros, a la luz dorada de las tardes.

Pues eso, gracias.


De refilón dejo caer por aquí algunas gotas del torbellino de cosas cosidas que salieron de mis manos en estos meses que pasé subida en la montaña rusa. Algunas han ido apareciendo en las redes sociales, otras os las enseñaré cuando acabe de aterrizar. Espero que no me lo tengáis mucho en cuenta, recordad que estuve un poco sonámbula, y ahora es bonito estar otra vez despierta y organizar los sueños por colores como quien dobla camisetas.


Nos vemos a final del verano. Mientras, me encontraréis por aquí a ratos sintiendo la tierra bajo los pies y el latido del cielo.













Los días breves

Poco a poco, y sin darme cuenta, se fueron acortando los días. Se hicieron largas las sombras en las paredes del taller, se desinflaron las ideas, se me quedaron helados los pies dentro de los calcetines de lana. Y aunque me cosí un amuleto mágico contra todos los males, ni con ésas. Al final  pasó lo que pasa siempre al final de todos los otoños: se me comió la inercia. 
Un día el cartero trajo el calendario de adviento de mi amiga Pauline, y con él descubrí que el frío se me había echado encima mientras vegetaba en el sillón jugando al candy crush, o me acostaba tarde, o me levantaba más tarde todavía. Los días como ventanitas de cartón por las que se escapaba, estúpidamente, el tiempo.
Perdí entonces unos cuantos días más en estar enfadadísima conmigo, triste y frustrada y con la máquina de coser pensamientos completamente atascada. Luego escuché en la radio que había llegado el solsticio de invierno. Y aunque las navidades y los finales de año no me gustan nada de nada, me entusiasmó pensar que los días, poco a poco, se van a ir haciendo más largos. Me perdoné, preparé té, tejí bufandas. E hice una lista de los pequeños regalos que los días breves han ido dejando caer en mi regazo. La escribo por aquí también, por si el año que viene vuelven a acortarse las horas de luz y me da por ponerme tonta otra vez.


Dos viajes increíbles.

Helados en otoño, y palomitas!



Animales fantásticos.


Y personas más fantásticas todavía que han seguido creyendo en mí a pesar de todo: amig@s, abrazos, encargos, personitas como flores en la orilla de todos los caminos.



Estrellas, lunas y alguna que otra nube, allá arriba en el cielo.

Y aunque también hubo algún momento en el que quise tener el corazón rodeado de pinchos para defenderme...

...despierta una sonrisa descubrir que los días breves tampoco han sido, después de todo, tan oscuros. Desde aquí, feliz invierno.